La inteligencia artificial ha generado un intenso debate en redes sociales y una carrera entre China y EE.UU.
Aunque también tenemos que reconocer que las narrativas sobre esta tecnología varían drásticamente dependiendo de qué lado del Pacífico nos encontremos. Lo que para algunos representa una carrera desesperada hacia la supremacía global, para otros es simplemente una herramienta más de desarrollo económico y social.

Dos Filosofías, Dos Caminos
Durante el tercer Diálogo Cuadrilateral de Asia Oriental celebrado recientemente en Tokio, un experto chino de una universidad de primer nivel compartió una perspectiva que contrasta radicalmente con el discurso dominante en Silicon Valley.
Mientras que los gigantes tecnológicos estadounidenses y sus aliados en el gobierno insisten en que estamos inmersos en una competencia existencial por crear una inteligencia artificial «general» que eventualmente dominará el mundo, la realidad en China parece ser mucho más pragmática.
Cientos de empresas chinas de tamaño pequeño y mediano están compitiendo entre sí para desarrollar modelos de IA que generen beneficios tangibles e inmediatos en sectores como manufactura, logística y servicios. La llamada «IA encarnada» o robótica aplicada es donde China realmente está invirtiendo sus esfuerzos, un campo en el que Estados Unidos claramente se encuentra rezagado.
La concentración del mercado estadounidense en manos de unas pocas corporaciones gigantescas representa no sólo un riesgo económico considerable, sino también una apuesta filosófica bastante peculiar. Estos empresarios tecnológicos están convencidos de que se aproxima un momento hipotético llamado «singularidad», donde el crecimiento tecnológico liderado por máquinas se volverá incontrolable e irreversible.
Sin embargo, lo más paradójico es que varios de estos visionarios han invertido fortunas en búnkeres de lujo o incluso en proyectos de colonización marciana, preparándose para un apocalipsis que ellos mismos están ayudando a crear.
Cabe destacar que esta visión casi distópica no parece ser compartida por sus contrapartes chinas, quienes mantienen un enfoque mucho más centrado en aplicaciones prácticas y rentables.

Gobernanza Versus Libertad Absoluta
Por otro lado, el gobierno chino ha demostrado una preocupación genuina por los impactos sociales, culturales y políticos que la inteligencia artificial podría generar. Esta inquietud ha llevado a las autoridades a invertir esfuerzos considerables en establecer marcos de gobernanza efectivos para la tecnología, algo que contrasta notablemente con la postura del gobierno estadounidense actual.
La administración Trump ha dejado claro que prefiere una regulación mínima, llegando incluso a calificar los intentos internacionales de gobernanza de IA como obstáculos «antiamericanos» que frenan la búsqueda singular de la AGI.
Esta diferencia de enfoques resulta particularmente reveladora cuando consideramos que los líderes chinos han mostrado apertura hacia la cooperación internacional, reconociendo que compartir conocimientos sobre gobernanza de IA podría beneficiar a todas las partes involucradas.
Lamentablemente, la narrativa de competencia que domina el pensamiento estadounidense sobre el futuro de esta tecnología ha convertido cualquier cooperación con China en algo prácticamente impensable para muchos actores de la industria y el gobierno.
Los titanes tecnológicos que lideran la pirámide de IA en Estados Unidos no desean ser regulados, y la actual administración obtuvo su considerable apoyo financiero y político precisamente prometiéndoles carta blanca.
A decir verdad, esta postura no sólo impide la regulación federal, sino que el presidente está presionando activamente para eliminar controles estatales y locales, además de ejercer influencia sobre aliados para que debiliten sus propias normativas.

El Ciclo que se Repite
Desde la imposición de las sanciones posteriores a Tiananmen en 1989, el gobierno estadounidense ha implementado una serie interminable de políticas diseñadas para restringir el acceso chino a tecnología estadounidense.
Barreras comerciales contra paneles solares, baterías y vehículos eléctricos chinos se han convertido en la norma, acompañadas de presión constante sobre aliados para que sigan el mismo camino. Sin embargo, resulta difícil argumentar que estas restricciones han logrado frenar el progreso científico y tecnológico de China.
Algunos analistas incluso sugieren que, al obligar a China a ser más autosuficiente, estas medidas han acelerado involuntariamente su desarrollo. Basándose en las conversaciones del diálogo de Tokio, este mismo patrón parece estar repitiéndose en el campo de la inteligencia artificial.

La Necesidad de Cooperación
La experiencia histórica nos enseña que los formuladores de políticas estadounidenses que creen poder contener esta agresiva competencia económica nacional sin que derive en conflicto armado están cometiendo un error grave.
El notable crecimiento y prosperidad de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial fue posible gracias al respeto mutuo por principios e instituciones internacionales que establecieron límites a la competencia económica nacional para preservar la paz.
No debería sorprendernos que el actual desprecio por esos principios esté acelerando el gasto en defensa y aumentando el riesgo de guerra, especialmente entre las dos economías más grandes del mundo.
Fuente: The Guardian